Implica pasar de un esquema concentrado principalmente en la extracción de materias primas hacia otro capaz de transformar, reutilizar, recuperar y aprovechar recursos

El viceministro Jáuregui durante su disertación. Foto: Viceministerio de Industrialización en Economía y Empresa
El Gobierno nacional plantea incorporar la economía circular como una herramienta para elevar la productividad, impulsar la innovación y abrir nuevas oportunidades de inversión y empleo.
Según la propuesta estatal, Bolivia busca dar un giro a su modelo de industrialización con una apuesta que va más allá de producir más: producir mejor, aprovechar los recursos de manera eficiente y generar mayor valor agregado. Bajo esta visión,
El viceministro de Políticas de Industrialización, Gustavo Jáuregui Gonzáles, presentó el proyecto durante la III Cumbre Empresarial por los ODS: Un Pacto por Bolivia, que se llevó a cabo el martes en el Hotel Europa, donde representantes del sector empresarial y otros actores analizaron alternativas para avanzar hacia un desarrollo más sostenible, inclusivo y resiliente.
Para Jáuregui, el principal desafío es dejar de mirar la economía circular únicamente como una política ambiental y convertirla en parte de la estrategia industrial del país.
“Bolivia debe entender que la economía circular solamente como política ambiental no será posible, debemos entenderla como una nueva forma de producir, de generar valor y de industrializar nuestro país”.
Economía circular
El cambio –de acuerdo con el viceministro– implica pasar de un esquema concentrado principalmente en la extracción de materias primas hacia otro capaz de transformar, reutilizar, recuperar y aprovechar nuevamente los recursos, generando cadenas productivas con mayor valor.
“Industrializar no es solamente producir más, sino también producir mejor, generar mayor valor agregado, elevar la productividad, incorporar innovación y tecnología y generar empleo de calidad”, afirmó la autoridad.
Industria boliviana
La economía circular podría abrir espacios de negocio en sectores como agroindustria, alimentos, textiles, construcción, minería, manufactura, plásticos y energía, mediante procesos que reduzcan desperdicios y permitan recuperar materiales y subproductos que actualmente pueden terminar sin aprovechamiento económico.
Para las empresas, especialmente las micro y pequeñas unidades productivas, el desafío estará en acceder a tecnología, digitalización, financiamiento e incentivos que permitan modernizar sus procesos sin que la transición implique una carga imposible de asumir.
El cambio también responde a una transformación de los mercados internacionales. Los compradores demandan cada vez más información sobre el origen de los productos, trazabilidad, eficiencia en el uso de recursos y estándares ambientales. Cumplir con estas condiciones puede convertirse en una necesidad para mantener mercados, pero también en una oportunidad para que la producción boliviana sea más competitiva.
Hoja de ruta
En este escenario, el Viceministerio de Políticas de Industrialización plantea construir una hoja de ruta nacional de economía circular, que permita identificar los sectores con mayor potencial, las principales brechas tecnológicas y proyectos piloto que puedan posteriormente ampliarse a escala nacional.
La propuesta busca involucrar al Estado, empresas, trabajadores, emprendedores, universidades, gobiernos subnacionales, comunidades y organismos internacionales. La intención es que la transformación productiva no quede limitada a una política pública, sino que se traduzca en proyectos concretos y nuevas oportunidades para quienes producen.
El enfoque también plantea un cambio en la relación entre el Estado y el sector privado, con una gestión pública orientada a facilitar inversiones, promover innovación y generar condiciones para que las empresas puedan adaptarse.
“La transformación productiva de Bolivia no la va a hacer solamente el Estado, tampoco la va a hacer solamente el sector privado. La vamos a construir todos juntos”, sostuvo Jáuregui.
El reto ahora será convertir esta visión en políticas, incentivos y proyectos que lleguen a las empresas y a las regiones. Si logra consolidarse, la economía circular podría convertirse no solo en una respuesta frente al desafío ambiental, sino en una estrategia para que Bolivia transforme más de sus materias primas, reduzca pérdidas, genere nuevos negocios y cree empleos de mayor calidad.